Ella alguna vez lo
dijo,
Que, si él moría, podrían poner
su tumba de inmediato,
Él
quien su vida maldijo,
Puso en sus caminos,
una vida llena de maltratos.
- ¡Pablo, ven que tu
madre ya está aquí –
Dijo su querida, al
esposo que tanto amaba
- ¡Ya voy mi amor, ten listo el
festín! –
Le
decía a Rosa, refiriéndose a lo que preparaba.
Bajó
Pablo saludando a su madre, dos besos sin mirada,
Pero
si miró a su esposa Rosa, que tenía ya merendada,
Y
en su pecho retumbaba un temblor muy fuerte,
Pero
no le veía el problema, pues perteneció a la armada.
Entre carcajadas un momento recordaron,
Un vistazo al pasado,
hizo resurgir ese gran momento,
Rosa
trajo la carta de su color y los dos lloraron…
La madre de Pablo quieta, como
una estatua de cemento.
La
pequeña letra del capitán decía en 3 reglones,
Que
su esposo estaba casi muerto y sin opciones,
Un par de balas en el
pecho perforaban sus pulmones,
Y su gran corazón se alejaba de las
contracciones.
Luego de largos días Rosa recibe
otra carta y el color igual a su nombre,
Decía lo siguiente:
“Hemos
decidido enviar a Pablo a su morada,
A
descansar pues lo que quedan son ya días…
Disfruta
su compañía y su fuerza ya frustrada,
Pues
la necesita, él dijo que eras su vida”
Llorando se acerca Rosa a Pablo,
pues era una derrota
Ella había pactado su sentencia
desde que empezaron,
Él sentía como en su corazón la
presión ya se agota,
Ninguno puede negar lo mucho que
se amaron…
De
repente Pablo siente un pisotón en su pecho…
Y
sus ojos se abren como telón de teatro,
Su
corazón se detenía y sus pulmones ya deshechos,
Su
esposa y madre se acercaron a abrazarlo.
Pablo y Rosa murieron ese día,
Él en muerte y ella en vida
Ya sin reservas está muy fría,
Pablo
se llevó un pedazo de su alma,
Y
ella aún conserva esa pequeña carta…

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